Notas,Reseña

BOLO | “Antagonista”, jodidamente hostiles

21 Ene , 2016  

De entrada, se siente la impresión de arrastrarse sobre alambres de púas, de bañarse en acero fundido, de estar oyendo un bajo colosal cuyas cuerdas son cables de alta tensión. Todo en Bolo suena a metálico o remite a esas imágenes.

Por Sebastián Lanzillotta

“Antagonista” es el material debutante en formato de EP para estos virtuosos y, un verdadero paso al frente en todo sentido para la escena pesada local. Se cae de maduro que dejaron el pellejo en este material. La intención de la agrupación es conseguir un algo “intimista” con suficiente fortaleza y, desde lo dúctil, de un rango superior. ¿Que si lo lograron? ¡Pufff!

Para arrancar, el sonido: potente, claro, cuasi brillante, gélido y preciso como un bisturí a punto de accionar. Empieza con “Utopía”, certero y resoluto como un Terminator. Y créanme que este tipo de adjetivaciones resisten hasta el final de la placa. Hay una voz realmente férrea; violas como engranajes metálicos de una maquinaria que sabe ir de ambientes arrolladores, llenos de machaques y riffs que se infiltran en tu bulbo raquídeo abatiendo todas las neuronas en vista, a pasajes renegridos y ominosos, con influencias pseudo robóticas. Las pocas melodías se disuelven (afortunadamente) en mares de ejecuciones hiper rebuscadas, en marañas de ritmos y contrarritmos, amagues y violencia con todas las letras. Porque nadie puede negar la nívea belleza de “Reincidencia” (vengan de a uno). Los dividendos son letales, y si queda algo en pie, la batería culmina con el cometido.

Pasemos en limpio, Bolo practica cierta aséptica clase de metal extremo ultratécnico y enérgico con fuertes reminiscencias de Textures o Cynic, si se quiere. Básicamente lo definiría como mathcore con sonido actual, ese de métricas impares y fragmentos intrincados a lo nerd pero, en este caso, edulcorado con pasajes de death y black metal, bien blasfemos y misantrópicos que llevan el aspecto académico hasta alturas inimaginables.

La afamada paciencia aparece como un don inapreciable para decodificar y degustar este disco, ya que los cuatro temas de “Antagonista” no se te adjuntan a la memoria ni a la primera ni a la quinta escucha, sino que hay que dedicarle su tiempo para que echen raíces. Ahora bien, que las infinitas maravillas creadas por este insano grupo se descubran queda en manos, en los oídos y en la paciencia del lector.

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