Reseña

“El color”, como caídos del cielo

10 May , 2016  

La cuestión es más o menos así: la onda y la música de estos chicos es igual a un indie-pop elegante, fashion y modosito con trazas rockeras de armonías luminosas. Ahora, si nos jugamos otro poco podríamos decir que se trata de once canciones para  entender el amanecer y laburar la nostalgia como un síntoma agradable. ¡Dale play ya!

Por Sebastián Lanzillotta

Juicioso y preciosista, “El color” es digno, no obstante, de una auténtica sencillez con esplendor vocal y recursos de tierra adentro. Acá la mayoría de los tracks enaltecen al género con bases flotantes y frases para clausurar amores. Son piezas experimentales con líricas que muestran un perfecto ejercicio sobre el aislamiento. El álbum encuentra una fase superadora para evocar la melancolía y estimular un proceso reflexivo sobre la soledad sin caer en la autoindulgencia. Y lo hace con creces.

Estos muchachos, quienes parecen expertos en distorsiones frágiles y reverberaciones pegajosas, además son grandes disectores de temas, ya que desarman los componentes melódicos, rítmicos y emocionales esenciales del estilo para reestructurar cada impulso. El resultado es una secuencia con paso firme de estribillos poperos exultantes y ritmos de vanguardia, una bruma radiante de pistas confortables con un sonido cohesivo y de ánimo afianzado que sostiene siempre una pluralidad al juntar dos universos antagónicos: el popular y el erudito.

Un puñado de las flamantes composiciones se inician con cierta timidez para luego explotar con un groove primaveral y mordaz, otras son verdaderas gemas con estribos escalonados para coronar clásicos amables, escritos por gente con hambre de respeto. Un aplauso cerrado para la concatenación del setlist, en verdad muy acertado. Mis pulgares para arriba se lo llevan: “Cazando luces”, “Canción para el fin del mundo”, “Duerme ya” y “Cruz del Sur”, gigantescos himnos poéticos y ruteros con acordes celestiales.

En definitiva, “El color” resulta excelente por la inclusión de melodías algodonosas que se pasan de encantadoras y por un combo cualitativo supremo: es inteligente a tiempo completo, criterioso, racional. Alguna vez leí por ahí que las buenas melodías siempre tienen razón.

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