Editorial,Notas

El inmortal latinoamericano

13 Abr , 2015  

Si tuviera que elegir a una persona para que le cuente a mi hijo como funciona el mundo, esa persona sería Eduardo Galeano. No porque lo que diga es totalmente cierto ni porque lo fuese a contar desde un punto de vista objetivo. No. Elegiría a Galeano porque confío en que, a través de sus palabras, puede ilustrar mejor que nadie que “fuimos mal hechos, pero no estamos terminados”, como el mismo escribió.

Por Juan Fernández

Leerlo significa sumergirse en un mundo lleno de información mezclada con buenos deseos y guiños literarios. En cada uno de sus relatos, en los que tranquilamente podría haber un mate como mediador, cuenta historias. Pequeñas piezas de un rompecabezas infinito como lo es la Historia. En sus relatos también, las heroínas son las mujeres, a quienes trata como deidades, los niños son los valientes y los villanos los ciegos por el odio, la ambición y el poder.

Desde la muerte de Atahualpa hasta la cruzada norteamericana contra el oriente árabe, deja impregnada fuertemente en sus relatos su ideología activa, que contiene una propuesta bien clara: Hacer para cambiar, porque “somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.

Galeano además es un maestro de la palabra. Cada letra justa para expresar lo que hay que decir, ni mas ni menos. Por su reconocido vuelo literario, supo convertirse en un fundamental de la literatura latinoamericana junto a otros gigantes como Mario Benedetti y Gabriel García Márquez. En todas sus publicaciones, la coherencia fue una constante y una artífice, sin lugar a dudas, de la construcción de una identidad latinoamericana que invita a indagar, cuestionar, recordar y nunca, pero nunca, olvidar.

Desde los relatos vagamundos, reflejos de cada época, logra emocionar, embroncar, sorprenderse y, principalmente, esperanzar. Porque si hay algo que Eduardo Galeano le dio y le sigue dando a generaciones y generaciones de habitantes de estos suelos, es esperanza. Y, como esta característica única es la última que cualquier hombre o mujer pierde, su sello de fuego quedará para siempre en la memoria de la Patria Grande.

Gracias por ser el guardián del portal hacia una Latinoamérica y un mundo que muchos sueñan y que ven hecho realidad en tus palabras.

Hoy un continente llora,

Hoy pasaste a la inmortalidad.

, , , , ,