Entrevistas,Notas

Encontrar la belleza y trasladarla a un escenario

16 Dic , 2013  

La actriz Junior Cross nos cuenta su historia

Por Adrián Sotelo

Fotos: Lucas Sánchez

7 de abril de 1999. Recuerda la fecha exacta en la que fue a estudiar al Teatro Las Nobles Bestias de Temperley por primera vez. Se presentó con un “Hola. Me llamo Junior, voy a hacer teatro y no me importa lo que me diga nadie”. ¡Y nadie le había dicho nada! Allí la recibió Alfredo Badalamenti, su primer profesor, y director del que considera su lugar en el mundo.

Un mes de tratamiento internada en un hospital fue decisivo para que Junior Cross comenzara a tomar clases de teatro. Tiene epilepsia. A los 15 tuvo un ataque muy fuerte. Le realizaron una cura de sueño y había una sola cosa que, inconciente, repetía: que quería ser actriz. Cuando se lo contaban, no podía creerlo. Pero, al recuperarse, encontró un panfleto que ofrecía: “Estudiá teatro en un teatro”. Hacia ahí fue. Y ahí continúa hasta hoy.

¿Cómo fueron tus comienzos?

Hasta la primera clase, no sabía que yo quería estar en un escenario. Pero ahí sentí que esto era lo mío. Las Nobles Bestias me dio todo: la disciplina, el amor a la profesión, la constancia, y la terquedad necesaria para seguir este camino que es muy difícil. Fue una experiencia hermosa porque, a veces, pasa que uno tiene un deseo muy grande pero va al lugar equivocado y ese deseo se frustra. Yo caí en un muy buen lugar, con un muy buen profe y muy buena gente. Las Nobles es el lugar que me marcó.

¿Probaste en otros lugares?

He ido con profesores de más renombre. Uno busca esa cosa estúpida que es que en el currículum tiene que pesar que yo estudié con tal y tal. Fui y nunca más volví a sentir este fuego sagrado porque a veces pienso que esos profesores con tanto renombre y que son actores tan conocidos están más preocupados en mirarse a sí mismos que en mirar al alumno.

¿No te aportaron nada esos profesores de renombre?

Me dieron herramientas y técnicas pero la actuación es un oficio. No hay una receta. No hay algo que diga que si hacés tres veces el cuadrante de emociones y dos veces el espejo, ya sos un actor de primera. Muchas veces sentí que se aplicaban recetas que deberían funcionar pero no estaban mirando al actor. Como si fuera una maquina fordista de hacer actores que tienen que saber hacer esto, esto y esto. A lo mejor, una herramienta que me sirve a mí a otro no le sirve o ya la tiene naturalmente. Un buen profesor es el que realmente te está mirando y saca lo mejor de vos. Eso lo encontré en Las Nobles y con la profesora con la que estudio improvisación.

¿Con quién estudiás improvisación?

Estoy estudiando improvisación con Charo López. De ese grupo de improvisación se armó un laboratorio que termina con un producto terminado. La impro me gusta muchísimo y la descubrí ahora. Últimamente me estoy volcando mucho al humor.

¿Y La Simbueso?

La Simbueso es el dúo de humor que tengo con Mariano Álvarez Coria. La mayoría de las cosas que escribimos o improvisamos tienen que ver con nosotros. Tenemos varios personajes, los principales son Stella Maris Artois y Poroto Schneider que son madre e hijo.Nos presentamos en varietés y otros lugares.

¿Qué tipo de teatro es el que más te gusta hacer?

El que me de placer. A mi me gusta que me cuenten buenas historias. El género es decisión del director. Umbra, la obra que hice hasta hace poco, es de terror pero yo le debo a mi personaje vivirlo como un drama. Para mi el terror no existe. Existen las angustias, los miedos, otro tipo de cosas. Por ejemplo, Esperando La Carroza obviamente es una comedia pero es una comedia porque el director decide que sea contada como una comedia. Los personajes no se están riendo. No les causa gracia lo que les pasa. Trasciende al actor decidir si eso es comedia. Uno tiene un personaje. Sí hay ciertos ritmos pero tienen que ver más con la dirección.

¿Tenés algún referente?

Cualquiera que sea actor no puede no tener de referente a Chaplin. Un tipo que ha roto todos los cánones. Fue revolucionario desde el humor. Lo que hizo fue increíble y más en el momento en que lo hizo. No importa lo que uno haga siempre y cuando esté comprometido con lo que hace. El humor puede ser revolucionario. El llanto no digo que sea fácil pero uno tiene tantos motivos por los cuales angustiarse que es mas fácil llegar a la empatía desde ese lado. Pienso en Capusotto que desde el humor ha hecho un trabajo muy interesante. Y no creo que esté pensando en Grotowski cuando lo está haciendo, simplemente está haciendo algo propio de él. Eso es lo que lo hace invaluable, sobresalir.

¿Algún referente más?

Son muchos. El trabajo del actor es colectivo. Creo en el trabajo en conjunto y la actitud casi obrera de cómo se construye una obra. Creo en que todos tiren para el mismo lado para que la obra funcione. Entonces creo mucho en grupos. Como los Monty Python. Y hay gente que me parece espectacular en algún momento y después horrible en otro. No soy muy crítica tampoco con las actuaciones. Tampoco hace falta que sea Johnny Depp. Acá a cuatro cuadras hay tipos que son excelentes. Como los chicos de La Compasiva que son increíbles. O Pablo Szakiel que hace unos monólogos increíbles. Cuando vi a Mónica cabrera me quedé absolutamente desmayada porque era la primera vez que veía a una mujer haciendo humor sola. Sola. Con un humor que te conmueve. ¿Cómo no voy a aprender de esa mujer?

¿De dónde más aprende un actor? ¿De qué se nutre?

Si sos actor, tenés que ser como una esponja. Aprendés de todo el mundo porque todo el mundo es plausible de ser actuado. Hay mucha genialidad en todos lados. Es cuestión de saber ver para encontrar la belleza y trasladarla a un escenario. Uno aprende de un ignoto. Estás en un café y viene una mesera a atenderte. Ves cómo agarra las cosas, empezás a ver acciones subliminales. Entendés que atrás de ese cuerpo hay una historia y esa historia está marcada por esto, por esto y por esto. Y a lo mejor no tiene nada que ver con la realidad. Pero la historia ya está contada. Y es genial.