Literatura,Notas

Género y arte en acción

2 Nov , 2015  

Cómo es la actividad de mujeres artistas del sur y  cómo se desarrollan hoy en día a través de sus obras.

Por Emilia Provenzano

Cuando cuerpo y arte hablan, es preciso recorrer un camino de complejidades y subjetividades para completar la obra de una artista. Una mujer que hace arte, además de ser artista, es una luchadora, una combatiente del tiempo muerto; aquel tiempo, que corría a la par de la edición de enciclopedias de arte que no dedicaban páginas a ningún nombre femenino, así como la historia del arte tampoco lo hizo durante mucho tiempo.

Es preciso concebir, por haber sido la historia que nos precede, una negación de la condición de artista para el género femenino, que la obra de una mujer artista tenga la valoración que esto implica.

En cuanto al género, nos acercamos a la noción del término desarrollada por la pensadora italiana Teresa de Lauretis -autora de trabajos en el área de semiótica, teorías feministas, del cine y la literatura contemporánea-. De Lauretis describe el género como una concepción semiótica, una representación o un efecto compuesto de representaciones discursivas y visuales, no sólo representaciones derivadas de la institución familia, sino también de fuentes menos obvias, el arte y la lengua.

De esta manera nos referimos a los aspectos que relacionados al arte ejecutado y creado por artistas oriundas de zona sur, nos inspiran a hacer un puente que conecta la actividad de la mujer en el arte de hoy, unificada a sus propósitos estéticos que difícilmente se separan del género y la subjetividad que implica la obra de arte.

Mujeres del Conurbano. Varios muros del sur pintados por la artista plástica Florencia Menéndez nos hablan de una obra en varios aspectos dirigida hacia el afuera, la conexión con la entidad pública y el arte colectivo, donde se invita a la gente a participar del hecho artístico. Uno de ellos es el mural realizado por los diez años de la tragedia de Cromañón en la plazoleta de Pichincha e Hipólito Yrigoyen en Temperley, realizado junto a familiares de las víctimas. La obra llevó la frase “Cromañón nos pasó a todos”.

Florencia coordinó e ideó una serie de murales donde un patrón común permanece atado al carácter social, donde una frase con memoria siempre acompaña al estallido de color que empapa desde las escaleras que nos conectan hasta los antiguos cañones de la plaza. Su público es cualquiera que pase por la calle, la plaza o la puerta del hospital.

Además del carácter público que adopta su obra, la artista opta por espacios que dialogan, que tocan la temática de los derechos humanos, que están en los límites y a la vista de todos pudiendo, no solo ser vistos, sino también pensados. En relación a la figura de la mujer dentro del arte, y fuera también, la artista mencionó: “La sensibilidad de la mujer es tan alta que todas venimos trabajando el arte en la vida desde maneras diferentes. Ahora hay que animarse, apostar, creer en nosotras y no dejarnos engañar. Cuando se habla de arte no es solamente decorar o embellecer, es además animarse a transitar un camino de búsquedas personales más allá de la aceptación general, despegar de los roles y mandatos, acercarse a lo salvaje y propio, escucharse e intentar darle forma a la obra más allá de los miedos e inhibiciones”.

Revalorizar el rol. Cuando una mujer hace uso del lenguaje del arte como medio de expresión y también de enseñanza existe una batalla que se empieza a ganar. Nos acercamos así a la obra de la escritora Márgara Averbach. Márgara es Doctora en Letras egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y vive en Banfield desde sus seis años donde desarrolla su vida y vocación. Su obra se desarrolla en novelas, cuentos infantiles y es en gran parte dirigida hacia el público juvenil.

Entre sus publicaciones más conocidas se encuentran “Los cuatro de Alera”, “El año de la vaca”, “Jirafa azul, rinoceronte verde” y “Una cuadra”. Respecto a su obra en relación al género, la escritora sostuvo: “Muchos de mis personajes son mujeres. No me gusta que los héroes sean siempre hombres. Por ejemplo, en ‘Dibujos en la canchita’, la que cuenta es una nena y aunque cuenta sobre un chico de una villa que juega muy bien al fútbol, ella también juega bien y nadie la toma en cuenta y eso le da rabia. Yo quiero que se note esa igualdad buscada en la obra. Que la noten las mujeres, claro, pero también los hombres. Y al mismo tiempo, quiero que se vea que no hay que cerrar espacios de la vida ni a los hombres ni a las mujeres solo por serlo”.

La escritora persigue un propósito estético que se puede percibir en sus historias, sus temas que tienen que ver con la problemática de la ecología o la colonización como modelo de relaciones de poder, donde la injusticia, o algún fenómeno natural que amenaza son algunos de los motivos para la organización en comunidad de sus personajes.  Cabe destacar una de las actividades más interesantes en estos últimos años desarrolladas por la autora: Márgara enseña en la cárcel participando del Programa de Educación en contextos de encierro desarrollado por el Ministerio de Educación. Lo hace tanto en cárceles de mujeres como hombres. Este último aspecto no es sólo un detalle sino que nos acerca al entendimiento de los propósitos artísticos que hoy defiende una mujer que hace arte, las complejidades y las subjetividades que completan la obra de una artista.

Fusionar los discursos. Un último camino que nos sumerge en la diversidad de géneros y estilos, nos orienta hacia los pasos de Bienvenidos a la computadora, la banda de música electrónica llevada a cabo por Julieta Papi y Delia Iglesias, nos presenta desde un panorama que puede ser percibido desde diferentes perspectivas porque en realidad nos hablan desde simultaneidades sonoras que se centran en la fusión de los estilos, y es ahí donde hallamos un discurso.

Varias de sus canciones tienen que ver con el carácter femenino de las cosas, el cuál es evidente en las voces pero también en otros aspectos que tienen que ver con significaciones y representaciones estéticas. Sus temáticas nos hablan del compromiso artístico frente a los prejuicios materiales que imponen algunos agentes sociales por sobre la valoración del arte, hablan de la apertura del sentido en cuanto a los sentidos no cerrados. Remiten a los límites como motivo tanto en las letras como en el sonido, nos hablan de la ambigüedad como carácter específico del estilo que crean.

Bienvenidos a la computadora fusiona sonidos electrónicos que remiten a lo folklórico, mezclando motivos tradicionales con rupturas sonoras que se inclinan a lo contemporáneo, presente y  pasado juntos. Muchos aspectos de Bienvenidos a la computadora pueden ser relacionados al género, pero lo más importante se posa en la fusión, lo indeterminado que caracteriza al estilo que mantienen y las hace diferentes. El dúo comprende un propósito estético que parece confirmarse en el hecho artístico mismo, sin posarse en definiciones, sino en la multiplicidad de experiencias sonoras que presenta.

Hoy, en un mundo expandido por el arte, a pesar de la larga lucha en la que el género permanece, las mujeres ya escriben una historia del arte femenino, donde la diversidad en significaciones, representaciones y subjetividades se perciben en sus obras como valor y como construcción de la figura de la artista mujer que dedica su vida al arte.

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