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Humor, compañía y naríz roja para hacerle frente al dolor

26 Oct , 2015  

Cómo trabajan los payamédicos y cómo es su actividad ahora que formarán parte de los tratamientos de los pacientes pediátricos.

Por Emilce Galarraga

Los especialistas del arte del clown se integrarán al servicio de salud con tareas complementarias en las terapias pediátricas de los hospitales provinciales y municipales bonaerenses. Es que el Senado bonaerense aprobó este año una ley que estableció que los payamédicos formen parte de los tratamientos de los pacientes pediátricos.

“Se entenderá por payaso de hospital  aquella persona especialista en el arte de clown que de acuerdo a la Autoridad de Aplicación reúna las condiciones para el desarrollo de su tarea en los hospitales públicos provinciales y/o municipales de nuestra provincia”, reza el proyecto

La experiencia y el reconocimiento. Vanesa Floriani y Evangelina Boguslawski trabajan como payasos de hospital hace varios años. Además de juventud comparten sus ganas de ayudar al otro. Ambas coincidieron en que “no es lo mismo un payamédico que un payaso de hospital” y prefieren la idea de Payaso de Hospital o Payaso Comunitario. Payamédicos, en sí, es el nombre de una organización no gubernamental de Argentina pero de igual forma utilizan el término.

Vanesa trabaja en el Hospital Narciso López de Lanús y es Licenciada en Trabajo Social. “Cada vez que entramos al hospital, lo primero que hacemos es pedir el PASE. El PASE es un informe que realiza cada médico sobre el paciente. Ahí nos enteramos cómo se llama, cuántos años tiene y cuál es la enfermedad que padece”, explicó.

Su payaso se llama Felipa. Para entrar al hospital presentan un proyecto en el que cuentan la labor a realizar. “En algunos hospitales se puede y en otros no. Ahora con la ley es distinto, creo que lo que cambia es eso. Es un reconocimiento”, indicó.

Evangelina trabaja en el Hospital Gandulfo, entre otros lugares. Es actriz. Su sonrisa habla por ella: “Desde mi lugar la idea es ir a un espacio y transformar”, sostuvo.

No es condición ser médico para ser un payamédico, así lo afirman ellas y así lo explica Darío Golia, diputado del Frente para la Victoria, autor del proyecto: “Los payamédicos prestarán un servicio social, percibirán honorarios y no deben ser necesariamente médicos”.

Requisitos. No importa la profesión que cada uno tenga para ser payamédico, hay desde actores hasta abogados y contadores; sí es necesario hacer el curso de formación que generalmente dura seis meses. El mismo cuenta con una parte teórica y una práctica que incluye juegos y música. Cualquiera lo puede hacer, la importancia radica en poder conectar con el otro.

“Descubrí primero el clown como forma de acercarme. Es un pasaje de ida. El clown es fundamental porque habla de estar presente, de dar y recibir. La idea es llegar al otro, poder abrir esa puerta y conectar, empatizar, eso es lo más importante”, señaló Evangelina.

Su payaso pasó por muchos nombres y actualmente se llama Eva. Indicó que este tipo de trabajo “es un proceso”. “Con el tiempo te ayuda a conectarte con vos. El desafío más grande es poder sacar tu mejor versión. Detrás de la nariz, del traje, estamos nosotros y la esencia de cada uno”, añadió.

Payasos de hospital. Actualmente hay más de 4000 voluntarios en hospitales de todo el país. Es un trabajo ad honorem, un voluntariado. Las actividades las realizan en grupos reducidos dependiendo las habitaciones que recorran. La intervención no dura mucho tiempo y siempre depende del ánimo del paciente. Hacen juegos, cantan, bailan y hasta permanecen en silencio unidos por un abrazo: “A veces el paciente no se quiere reír, entonces simplemente y si te lo permite, vas y estas ahí. A veces quiere llorar y no está mal que eso suceda”, explicó Eva.

Hablan del otro, del paciente y lo ubican siempre antes que ellas: “Hay que saber leer a la otra persona porque somos distintos  y porque cada lugar al que vamos tiene su desafío”, señlaó Vanesa.

Sanar, transformar, acompañar, son palabras que se repiten. Tienen una energía que contagia. Desdramatizar lo que sucede dentro del hospital, más que una premisa. Cambiar el observador, liberar nuestros preconceptos.  “En cada intervención busco sanar. Al principio lo veía como un voy a ayudar y después, con el tiempo, se transformó en un ‘voy a acompañar’. En un entender que yo no estoy ayudando a nada simplemente estoy ahí, nada más, pero también el otro está ahí. Está dejándome estar ahí.  Poder acompañar y transformar el dolor, si es posible. Yo aprendí que no siento que ayude si no que ellos me ayudan a mí. Siento que sano un montón de cosas yo también. Creo que ponerse la nariz finalmente es una excusa. Me pongo la nariz pero en realidad es otra cosa: es conectar y hacer lazos”, contó Evangelina.

Transformar sin perder el respeto para cuidarse y cuidar a los demás. Vale aclarar que no sólo trabajan con niños sino con personas de todas las edades que atraviesan todo tipo de enfermedades. Para Vanesa la ley es un derecho para el paciente. Evangelina habla de contención. No se conocen entre ellas pero comparten una forma de vida y le dejan al paciente que visitan cada día una herramienta que les permita no ver sólo aquello que les falta sino potenciar al máximo lo que tengan para superar y/o aprender a convivir con el dolor.

“Lo bueno de la ley es lo que podemos llegar a generar con ella. Ya el reconocimiento para nosotros es un montón y estaría bueno que esto se investigue. ¿En qué le cambia a una persona que haya un payaso en la sala? Pero no sólo desde hacer reír, sino desde la mirada y el primer contacto. En principio que nos dejen entrar a lugares que no estaban permitidos ya habla de un cambio que se está dando y que no pasa en todos lados y eso es para destacar”, enfatizó en conclusión Evangelina.

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