Literatura,Reseña

 La sociedad de los poetas locos

26 Nov , 2015  

“Dementes”, la segunda novela de Iván Morawski, retrata un mundo distópico corroído por una idea decimonónica que tildaba a los artistas como portadores de bad influence.

Por Walter Sosa

En la segunda novela del escritor de Temperley, la trama se sitúa en un San Telmo sin tiempo donde dos poetas de generaciones distintas se desnudan a través de sus dramas e intentan resistir al panóptico burgués abogando por la desbanalización del arte.

“Estilo de novela distópica pero que habla del hombre concreto en su sentir más realista”, así es como Iván Morawsky, define a su flamante obra. La idea surgió hace unos años mientras cursaba la carrera de Letras en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. “Dementes” parte básicamente del conocimiento que tuvo de una serie de pensamientos de finales del siglo XIX impulsados por un tal Max Nordau, psiquiatra austriaco.

Por aquella época, estos miopes de la ciencia europea consideraron a ciertos artistas, entre ellos a Paul Verlaine, Arthur Rimbaud, Charles Baudelaire y Edgar Alan Poe, como enfermos mentales y acusaban a sus obras bajo el rótulo de influencias negativas para la sociedad.  Lo que proponían estos médicos burgueses era encerrarlos. Recordemos que Artaud pasó casi una década en diversos nosocomios. Nordau y compañía defendían una sociedad en la que el artista es censurado y apartado, “donde se lo interna en un manicomio”. “Pero hubo quienes le contestaron, en especial Rubén Darío quien hizo un libro llamado ‘Los Raros’”, agrega Moraswky.

Asimismo, Iván tenía un par de historias y poesías, centradas en los que luego serían sus personajes principales. Los dos poetas: Manuel y Rafael. “De alguna manera fui conectado esos borradores con aquella idea prejuiciosa y lo convertí en una historia distópica”, explica. La iniciativa dio cabida a reflexiones varias en torno al papel social que cumplen el arte en un mundo capitalista, a los dispositivos de control de éste (¿Algo me recuerda a Foucault? Pensó algún lector) y en cómo algunas expresiones artísticas terminan banalizándose.

La trama. Ubicada en un San Telmo atemporal que no prescinde del halo bohemio ni de la condensación de sus artistas, donde se relata el encuentro de dos poetas que representan a dos generaciones. El primero de ellos, Manuel, es un hombre ya pasado de rosca, “que fracasó en la vida” y que dio por abatido “el proyecto de crear una comunidad apartada de los parámetros burgueses”. Pone un bar y se lanza a la cuantiosa empresa de moldearlo como “centro cultural”. En ese desafío, aparece Rafael, algo más sosegado pero no menos problemático.

“Dementes” está estructurada en tres partes. En la primera, titulada “El Misógino”, el énfasis está puesto en las peripecias de poeta más viejo, en todo su pasado y en cómo conoce a Rafael. La segunda parte se enfoca en éste último, quien está llevando simultáneamente una relación con dos mujeres. Esa doble vida, de alguna manera, lo terminará traumando. Al final de este tramo, llamado “El Vulnerable”, y a partir del tercero, “Pandenomium”, todo está envuelto de distopía. El momento en el cual se desinstala la idea de utopía cultural y en el que los personajes comienzan a padecer el infierno de una manera mucho más drástica. A uno de ellos terminarán por hacerle una lobotomía.

Con rasgos de algún Sábato o Arlt perdidos por ahí, la particularidad de la flamante novela de Morawski está dada también en la convergencia de poemas en la narrativa. “Como son protagonistas los poetas en el medio de la trama, hay poesía”, explica y esta característica es lo que les da más solvencia al alma de los personajes.

La imagen de la tapa nos recuerda a Alex, aquel personaje de la película de Stanley Kubrik, (A Clockwork Orange, 1971) que también es lobotomizado. Al mismo tiempo, algo en su fisonomía alude a Dante Alighieri. Por eso tal vez ese clima dantesco que se endurece a medida que pasan las páginas. Las divinas comedias y los viajes a Cacodelphia puede que se presenten como musas inconcientes. Marechal not dead.

“Dementes”, según las palabras de su autor, “es un libro dirigido a los artistas”. “A aquellos que los tildas de locos, que puede ser que un poco lo estén, pero de una locura necesaria”. Una locura que suma y no que resta, como lo pensaban aquellos psiquiatras Mirtha Legrand de antaño. “A fin de cuentas, hay que estar un poco loco para ser artista”, concluye Morawski.

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