Notas,Reseña

Oído Externo, “Cuánto cuento”: Mentime que no me gusta

20 Jun , 2016  

Es la tan ansiada secuela de “A contramano”, el material debutante de Oído externo editado el año pasado de manera independiente. Si bien los argumentos sonoros no distan de los de su estreno, en esta nueva entrega a pulmón la narrativa aparenta estar mejor configurada en lo literario y lo musical, ya que es llevada a ligas mayores por la magnífica instrumentación y por la voz de Gabriel Pérez en su mejor momento.

Por Sebastián Lanzillotta

La placa es una amenaza electrizante y estridente de punk hipster bien tocado, con un empuje chiflado y unas canciones quejosas impregnadas de ese vudú que suele salirle tan bien a Gabriel (único integrante de la banda).

En la era donde mirar una pantalla es estar con alguien, el mensaje en “Cuánto cuento” se pavonea desde anhelar con fugarse del mundo moderno/digital a una diatriba anti-todo, pulcra de ambición, hasta una mismísima reflexión sobre la mortalidad: Gaby pareciera preguntarte si todavía esperás por pasarla bien o si viviste más de tu tiempo de uso.

Estas, junto a otro compendio, son las emociones precedentes del género que animan a unas guitarras bastante filosas y a un sinfín de ataques de golpes de batería. Todo es sumamente portentoso al correr cada segundo.

Pero vamos por partes: acertado puntapié inicial con “Tus sucios negocios” (mi predilecto del álbum), una auténtica revuelta veraniega de violas que aportan rayos solares bien rancios. Le sigue “Ya se acerca el final”, el aperitivo justo para la ganchera y mimada “La pared” que tiene los méritos suficientes para irrumpir como corte de difusión en cualquier momento. El final es cuidadosamente caótico con la memorable “Mezclas nocivas” y el regusto siniestramente cool de la definitiva hora de cierre con “La mirada más fiel”.

Oído externo se encarga de hacer de la individualidad, el desconcierto y la intuición un modo de vida (como el estilo mismo, va). Acá la rabia sónica y las líricas consternadas propias del invierno de Seattle parecen ser el mestizaje adecuado para el sello de la agrupación. Esperemos que el quía siga sin encontrar los anti-depresivos adecuados. ¡Que sea punk!

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