Reseña

REINA | “Rococó”, sola y por placer

23 Feb , 2016  

Tamaño diamante en bruto es esta voz encantadora y entrañable de Turdera que, luego de sobradas andanzas por los suburbios del underground, decidió largarse con su Ep “Rococó” en formato solista.

Por Sebastián Lanzillotta

Reina Ledesma armó en 2007 a Los Cancheros del Mundo junto a integrantes de Los Reyes del Falsete y Dchampions. De ahí en más, no paró su tren por nada ni nadie.

Esta obra ostenta una sólida calidez artesanal. El perfil premium de los tracks está dado por el clímax fugaz que ocasiona esa dosis justa entre indie y pop, predominando el último.

Reina, quien actualmente se presenta con invitados en cada show, se encarga de las seis cuerdas rítmicas y entona con dulzura sus propias autorías hasta dar con su marcado estilo musical.

Si bien el inicio del primer tema (“Cualquiera” es una auténtica gema) te da una idea de por dónde viene la mano, a medida que el material transcurre podemos ver que la muchacha tiene más cosas en el armario (en “Necesito” se recibe de carismática). Es una cantante que posee una especie de desdén limpio al entonar, repleto de profundidad y que modula emociones con un notable gusto por las melodías brillantes.

Las canciones tienen un color predominantemente acústico y emanan declaraciones de principios que guardan un tono lúcido para los juegos de palabras de composiciones cambiantes. No obstante, puede que también evoquen el devenir poético de los bares que ya cerraron, la pérdida de amoríos, la más cruda soledad y demás entuertos que provocan los vicios incurables. Reina sabe cómo manejar la sensibilidad escénica de una propuesta con claras intenciones transgresoras. Vos, disfrutala.

En “Rococó” no hay minutos de relleno, puedo afirmarlo con todo ímpetu, ni siquiera para satisfacer al mercado. La apuesta de “la Queen” es una jerárquica muestra de sedición cancionera e intenciones de vanguardia. Sin más rodeos, este trabajo produce, lisa y llanamente, una adicción instantánea por el naturalismo de las pistas, los pulcros arreglos de violas y la seducción de las voces. “Adorame”, canta, esparciendo su susurro de niña por intermedio de abstracciones en tonos de grises. Reina también rockea en “Hombre búho”, enfrentándose al deceso con la mejor arma: la vida, vivida plenamente.

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