Literatura,Lomas de Zamora,Reseña

Sobre Perpetua de Vanina Rodríguez

20 Abr , 2015  

Perpetua, Vanina Rodríguez
Narrativa
Tinta Libre Ediciones, 2013
328 págs.
Por Sofía Ferro

Hace algunos años que las novelas de vampiros, como motivo recurrente de lo fantástico, adquirieron un espacio fijo en las mesas de novedades de las librerías. El fenómeno se retroalimenta con series televisivas como True blood o The Vampire Diaries -no olvidemos a la iniciática Buffy, la cazavampiros ni a Sarah Michelle Gellar. El vampiro se resemantizó, perdió su raíz folklórica más pura a cambio de la exaltación de uno solo de sus aspectos, el sensual y sexual, siempre desde la juventud como valor máximo, eliminando lo terrorífico en pos de la identificación de las conciencias del siglo XXI. Pero, de la misma forma que sucedió con las distopías, el género alcanzó el tope del agotamiento; el mercado se mueve entre saturaciones.

Perpetua, de Vanina Rodríguez, es una novela que bien puede inscribirse en dicho momento de la producción editorial. Es la historia de Abigail Atkinson, una chica que es convertida a vampiro en la Buenos Aires del siglo XIX y que será la matriarca omnipresente de toda su procedencia. La trama importante empieza a partir del capítulo tres, en el siglo XXI, con la introducción de Magalí Valente, descendiente de Abigail y poseedora de una sangre igualmente atractiva, que tienta a Alex, antiguo enemigo de la familia y pieza clave en la continuidad de la historia.

La trama es muy imbricada y, a quien aún disfrute las historias de vampiros, puede serle atractiva. Sin embargo, hay algunos desaciertos. En principio, las referencias históricas son torpes. Un ejemplo: “Vivió los cambios, descubrimientos como los del Dr. Agote; guerras, nueva vestimenta y medios de transporte y comunicación, etc., etc.” -los etc. son del narrador omnisciente. Hubiera sido interesante conocer más acerca de cómo los cambios históricos afectan a los personajes, aunque es claro que este no es el interés de la autora. En este sentido, creo que el universo contextual de la novela, y la cantidad de personajes que presenta, va en detrimento de otras cuestiones más suntuosas que terminan por perderse en la narración. Así sucede en el capítulo tres, en el cual se introduce la genealogía fechada de la familia Atkinson, lo cual detiene el ritmo de la lectura y hace que la historia se extienda fuera de la capacidad de la autora -al final del libro, hay una lista de personajes de casi cuatro hojas.

Hay, sin embargo, otras cuestiones a referir que escapan a la autora y que tienen que ver con fallas en el proceso editorial. Perpetua parece haber tenido un paso muy fugaz en su período de corrección. Lo más grave, en este sentido, es la incoherencia en las construcciones verbales que se da a lo largo de la novela. Cito solo algunos ejemplos: “Veía como su hija crecía fuerte y saludable, aunque el aroma de su sangre es muy fuerte” -además de un cómo sin acentuar-, “El paso de 1850, cuando abandonara el Nuevo Continente, al 1900, se encontraba borroso en su mente”, “Se fingió dormida” -verbo no reflexivo-, “Las mujeres sintieron el aroma que enloqueciera al maldito”. El tiempo de enunciación no es claro y, si fuera esta una elección de pretensiones estilísticas, estaría muy mal ejecutada. Un último señalamiento al respecto es la utilización del adjetivo llenito o llenita, de un extrañamiento ridículo: “George abrió sus ojos y recorrió a la mujer que tenía enfrente como si viera un fantasma, pero también llenito de amor”, “Llenita de adrenalina y extasiada por la visión, el descontrol controló la situación”. Esta última construcción que busca poetizar se repite con poca eficacia: “Sus reflejos reflejaron el horror”. Se pueden detectar, además, usos incorrectos de gerundios, errores en la puntuación y otras redundancias que no tiene sentido seguir citando.

El ritmo y la complejidad de Perpetua, con los desatinos descriptos, revelan a una incipiente narradora. Vanina Rodríguez crea un mundo tan complejo que su riqueza se pierde en el traspaso al papel. Sería interesante leerla en un par de años o bien que su próxima novela sea publicada por una editorial que la sepa guiar en su camino como escritora.

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